lunes, 8 de septiembre de 2014

Se trata de Nicolás García Mayor, un diseñador industrial y empresario bahiense egresado de la Universidad Nacional de la Plata que, con mucho sacrificio, se recibió en 2001 después de dos años viviendo en una clínica abandonada, porque no tenía para el alquiler, y se especializó en diseño con fines humanitarios.

Sin embargo, hoy sigue cosechando los frutos tanto su esfuerzo y constancia: 14 años después de haber creado este dispositivo de ayuda humanitaria como proyecto de tesis, el mundo conoció y compró su idea.

El CMax System es un sistema de refugios de emergencia superador de todo lo conocido hasta ahora (carpas y trailers fijos) en la provisión de una solución habitacional provisoria y urgente a personas que quedaron sin hogar como consecuencia de catástrofes naturales, guerras, violencia interna o pandemias.

García Mayor explicó a Télam que su invento permite “desarrollar una urbanización en sus distintos sentidos: en el aspecto habitacional, pero también generando hospitales y hasta escuelas”, porque los módulos son combinables para formar espacios mayores.

Según las últimas cifras de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, el año pasado 5,2 millones de personas se vieron desplazadas forzosamente de sus hogares.

“Después de un terremoto, por ejemplo, todos los sobrevivientes necesitan reconstituir lo más rápido posible su comunidad, de la manera más digna posible y cuidando la salud. Darle respuesta inmediata a eso, eso sería CMax”, agregó.

Confeccionado en propileno, aluminio y tela de poliester, el CMax consta de una estructura central rígida, dos alas de material flexible que al desplegarse cuadriplican su tamaño, y dos patas telescópicas que separan el piso de la superficie, reduciendo el pasaje de frío y humedad que tanto afecta a las carpas.

Además, cada módulo ya viene con un kit de supervivencia dentro y tiene capacidad para albergar a 10 personas, de modo que las familias puedan permanecer juntas.

Mientras permanecen plegados, estos refugios son apilables, livianos, pequeños y fáciles de almacenar.

Y una vez en el destino, dos personas lo pueden armar en 11 minutos, sin la necesidad de utilizar herramientas.

Mientras esperaba ver concretado su proyecto, García Mayor creó una empresa de diseño, “Ar estudio”, en Bahía Blanca, y la fundación del mismo nombre que tiene por misión abastecer de alimentos y leche a cuatro comedores de la ciudad.

Pero a principios del año pasado, los tiempos se aceleraron para la concreción de su proyecto inicial a partir de que recibió un correo electrónico de la Cancillería alentándolo a que se postulara para participar de la edición 2013 del Foro Internacional para el Desarrollo de la Ayuda Humanitaria en Washington, que reúne a gobiernos, agencias de la ONU, ONGs y empresas.

“Quedé seleccionado y me dijeron que tenía que viajar a Washington en 15 días a presentar un proyecto que yo pensaba que después de 12 años el mundo lo había solucionado varias veces, pero no era así”, contó.

“Con la ayuda de Exportar, que te arman el stand, en esa feria lo presenté ante distintas instituciones del mundo y fue la gran novedad”, contó.

Una de las organizaciones con las que se entrevistó allí fue nada menos que con la ONU.

“Ellos estaban muy emocionados y me dijeron 'esto es lo que venimos buscando hace años y lo tienen que saber todos los presidentes del mundo'. Me invitaron a la 68 asamblea de la ONU, que fue algo increíble”, contó.

“Luego llegó una invitación del Papa para ir a Roma y comentarle el proyecto. El hecho de estar cerca de él, haber podido romper el protocolo para darle un abrazo gigante, te da mucha fuerza para seguir”, dijo.

A partir del apoyo de la ONU, de distintos gobiernos y organizaciones internacionales, García Mayor resolvió que él mismo encararía la producción de los módulos, y en Argentina a pesar de que tenía ofertas para hacerlo en otros lugares.

Y aunque dice que “probablemente sería en poco tiempo”, García Mayor no quiere arriesgar una fecha en que comenzaría la producción de los CMax en una planta de Tortuguitas, que inicialmente produciría unos 500 mil módulos al año.

“La rapidez con que empecemos a producir depende mucho del apoyo que tengamos, porque están las máquinas, la gente ansiosa de trabajar, y yo más sabiendo que hoy está muriendo gente por dormir en el piso en situaciones extremas”, dijo.

Mientras tanto, la reciente selección como uno de los “10 Jóvenes sobresalientes 2013”, de la Cámara Junior Internacional en el rubro “Contribución a la niñez, a la paz mundial y a los derechos humanos”, es otro aliciente en su camino.

“Son reconocimientos que te ayudan, de una organización que supo tener como jurados a personalidades como Borges o Favaloro. Ser hoy el único latinoamericano e hispanoparlante es muy fuerte”, concluyó.