martes, 3 de abril de 2012

Cuestión de gustos.

Parece mentira que después de tantos años de trayectoria, el hombre tenga que rendir examen a sus detractores. El quijote que comenzara una lucha desigual y solitaria, contra los dueños de la soberbia, los que siempre tenían razón, porque su discurso era la única fuente de razón, aunque sus razones fueran inconfesables; sigue enfrentando a los molinos vendedores de viento.
Solo que no es la locura lo que mueve a este caballero, sino la búsqueda de una justicia que siempre le fue esquiva. Bueno..., siempre no...,  sólo durante un largo tiempo.
Porque un día, el hombre vio con agrado como desde un lugar inesperado, (al menos para el) surgió una fuerza capaz de oponerse a cualquier gigante. Una fuerza que brotaba de lo mas profundo de la esta tierra que lo adoptara hace ya tanto tiempo.
Y comprendió, desde adentro, como uno a uno los que conformamos esta mayoría que ya no es silenciosa, ni mucho menos silenciada; el origen de la gran pasión argentina.
Que la justicia, la soberanía y la independencia, son el horizonte de la utopía colectiva.
Fue entonces que se sintió atraído por el camino que hacemos al andar los que compartimos el pan.
Y entonces, debió atenerse a las generales de la ley.
Las exuberantes plumas de los plumíferos escribas, que embebidas de un fervor sarmientino, saben que no es necesario recurrir a la verdad, porque las mentiras, como los pepinos, se digieren lentamente, pero bien aderezadas, son una guarnición mas que poderosa.
Las bestias, que como dijera el viejo, el único derecho que reconocen es la fuerza, se abroquelan, para lanzarse a dar su merecido, a aquel, que con valor, ética y dignidad, se atiene a las reglas de un juego, que ellas no se sienten obligadas a respetar.
Es que estos gigantes, que saben que sus pies son de barro, y que la voluntad popular es como un río, que erosiona cada día su base de sustentación, no quieren caer solos.
En su grotesca caída quieren arrastrar a todos, o, al menos, a aquellos que osaron hacerles frente.
Y claman por libertad, a través de sus multimedios monopólicos, aquellos que ampararon la censura, la desaparición, el secuestro, la violación, la tortura y el asesinato.
Y denuncian corrupción desde sus elefantes de cristal, arrebatado a sus legítimos dueños, en complicidad con los que a sangre y fuego, cambiaron a su antojo las reglas del juego. Marcando las cartas, cargando los dados. arreglando la taba, para que garantizara su suerte, y nos cayera siempre de culo al resto.
Y se abalanzan contra el hombre, aquel que osó denunciar sus atropellos, y sus infamias.
La fórmula es clásica.
Frases ampulosas. Acusaciones infundadas. Mentiras descaradas. Todo suma, a la hora de llegar a alimentar a aquellos que siempre les fueron fieles.
Los que apoyaron un golpe a meses de una elección nacional.
Los que fingieron creer que los argentinos éramos derechos y humanos.
Los que llamaron locas de la plaza a las madres y a las abuelas, y hoy las llaman viejas de mierda.
Los que convirtieron en divas a las que afirmaron que los desaparecidos eran nada mas que una campaña antiargentina.
Los que vivaron a los militares que habían cagado a palos al pueblo en la plaza unos días antes.
Los que creímos que íbamos ganando hasta el día que nos rendimos.
Los que creyeron que la casa estaba en orden.
Los que apoyaron las relaciones carnales.
Los que creyeron que se podía vivir eternamente en una sociedad cada vez mas injusta pero yendo en su  0 Km. a veranear a Brasil.
Los que festejaron el cierre de cada ramal que paraba.
Los que se sintieron protegidos por el blindaje.
Los que convocaron al cacerolazo contra el corralito y a los pocos meses querían atropellar a los piqueteros.
Los que pidieron mano dura y represión para las protestas populares.
Los que sostienen el culto a la violencia, de la mano de Echecopar, Oro, Feinman y demás lacras.
Los que apoyaron el apriete destituyente de la patria sojera.
Los que eligieron y reeligieron a la nulidad política, en sus húmedos y tecnológicos nichos de cemento.
Podríamos seguir la lista hasta hacerla interminable...
Lo cierto es que no importa cuanta mierda desparramen los enemigos de ese hombre.
Siempre habrá suficientes moscas dispuestas a revolcarse en ella.