domingo, 21 de agosto de 2011

Accidentado baile del día del niño de Valeria Archimaut en Tigre

Me encontraba plácidamente leyendo la pelotuda nota de Pepe Eliaschev a la que remite NTVE, imaginando mil y una posibles respuestas a tal alarde de boludez, cuando mi esposa, que se encontraba a mi lado haciendo zapping, se detiene en un festival del día del niño televisado por canal 26 desde Tigre.
De pronto aparece bailando Valeria Archimaut.
No voy a negar que a mí todo esto de las coreografías me parece una sarta de gansadas, ni que la moralidad vigente me chupa soberanamente un óvulo de ave, porque este comentario se iría "hacia lugares mas dignos de la opinión del garca de Biolcati que de la mía" (por no decir "a la mierda", que queda tan feo).
Pero de pronto me encuentro, mirando de reojo y preguntándome en vos alta -"¿Que carajo tiene que ver el día del niño con una coreografía de Archimaut?"
Ante la esperable respuesta de mi consorte -"Callate " (acompañada de un gesto como de despedida que hacía con la mano, sin siquiera mirarme), me dispuse a ponerme cargoso, con un comentario ácido-chicanero.
-"Podrían haber organizado un baile del caño, para todos los niñitos" agregué, con el solo propósito de joder.
Antes que la petisa me pudiera mandar a cagar se le desató el bretel a Archimaut.
Convengamos que eso no es una tragedia, sino mas bién todo lo contrario.

Lo que motiva esta disgresión es un detalle que no por intrascendente deja de ser analizable.
Todos vimos All that Jazz, y sabemos que el show debe seguir.
Que las reglas del acting indican que si en pleno baile se despega un conchero, los espectadores se irán a su casa con una imagen mas Castrista de la bailarina (o Veroniana, según el estilo depilatorio), que deberá exhibir la cotorra como un trofeo hasta terminar la performance.
Todos conocemos estas reglas, porque las escuchamos a diario en los programas donde un jurado cuerea a mansalva a un grupo de participantes, sea en formatos locales o internacionales.
Solo que a veces hay que mandar las reglas a la mierda.

Sin ánimo de juzgar a Valeria, estoy seguro que si yo entro a ese escenario a cantar para esos niños, y en medio de la canción se me caen los pantalones, sin ninguna duda paro de tocar, me levanto los pantalones, pido disculpas (o no) y comienzo de nuevo la canción.
Aunque a los jurados les moleste.
Aunque no sea muy profesional.
Aunque se me caguen de risa.

Porque las reglas son las reglas,
pero a veces hay que hacer lo que corresponde.