martes, 11 de octubre de 2011

I L.O.V.E MI ARTE

Detesto el arte moderno, al que le encuentro muy poco de moderno, y absolutamente nada de arte.
Un mingitorio patas arriba, mas que una obra de arte me parece un artefacto sumamente incómodo para mear.
No soy un experto en el tema, pero el solo hecho de que existan lo expertos en el tema, me da la pauta de que el tema no da para mucho. Tampoco soy absolutamente neófito. De hecho, cuando le tomé la mano a internet, recopilé información de todas las obras de arte de las que había oído hablar, y, dentro de las posibilidades que brindaba el medio, conocí todo lo que de alguna manera (con la información incompleta que poseía) supuse digno de ser conocido.
El caso es que excepto algunas gloriosas excepciones (por ejemplo Jackson Pollock, que me encantó desde el primer momento en que ví su obra, aunque no pueda explicar por qué, o sea, como tiene que encantarte el verdadero arte) la gran mayoría me pareció una sarta de objetos de consumo de una sociedad que cree que hasta el arte debe reflejar su tara consumista.
Por otra parte, siempre me pareció que (hablando de arte)  la palabra "curador" debería escribirse con doble "r". Curiosamente, al buscar una nota que aclare a que me refiero, me encuentro con que la persona que la escribió , justifica la existencia de este especímen, prácticamente con la misma frase con la que yo pretendía defenestrarlo. "El curador es al arte lo que el disc jockey es a la música"

Es en este contexto que voy a comentar una obra de arte, mas específicamente una escultura.
Se trata de una mano.
Una enorme mano haciendo el saludo fascista.
El artista, podó cuatro dedos a esa mano, por lo que ahora ésta se encuentra haciendo el popular gesto de "fuck you".

Hasta acá no pasa de un simple ingenio artístico, que no hubiese de ninguna manera motivado un post de mi parte, si no fuera, porque a la manera del mingitorio de Marcel Duchamp, que adquiere rango artístico al ser descontextualizado, esta escultura adquiere su potencia artística al ser contextualizada por su emplazamiento, enfrente mismo a la bolsa de Milan.

 Así, como Miguel Angel se limitó a "sacar lo que sobraba" de un bloque de mármol, para obsequiarnos el David, Maurizio Cattelan (el autor de la obra) se limitó a "sacar lo que sobraba" de esa mano, para representar el sentimiento de tantos italianos, víctimas de un modelo neoliberal y corrupto.

Mas allá del repudio de los críticos de arte, siempre afectos a repudiar al arte que critique al statu quo.
Mas allá de la inmediata reacción de la acaldesa, que al no tener talento artístico como para reponer los cuatro dedos faltantes, para convertir esta estatua en un homenaje facho, optó por retirar la escultura.
Mas allá del propio valor artístico de la creación.
Mas allá de lo anecdótico, al fin,  queda lo importante. La reacción de los "indignati" italianos que volvió a su sitio a esta obra de arte moderno llamada L.O.V.E.