miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Quién fué Néstor Kirchner?

El discurso único dominaba la totalidad de la oferta mediática.
Los medios no habían perdido la coraza de credibilidad que le proveía una construcción tautológica retroalimentada por su propia voz (basada en la mentira repetitiva y la ocultación sistemática).
Los estados de la OTAN, presentaban su hegemonía planetaria, lograda a sangre, fuego  y guerra fría, como el inevitable triunfo del capitalismo neoliberal ,condenado por la realidad al éxito ; frente al visible colapso del bloque soviético y sus satélites, condenados por la realidad al fracaso.
Los demás países de Sudamérica (con muy pocas excepciones), se sometían homogénea y mansamente a los dictados del paradigma dominante.
El modelo de transferencia de riqueza de los sectores populares a la clase media alta y alta no había colapsado a nivel planetario, a causa de la hegemonía  del sector financiero, por sobre el sector laboral y el productivo.
La política, subordinada a los designios de la economía, no ofrecía soluciones a los problemas de la gente.
Las libertades individuales perdían protagonismo frente a la única libertad exigible e indispensable, la de mercado.
La historia era enterrada con extraordinaria cobertura mediática y académica en la tumba contigua a la de las ideologías, que yacían todas,  vituperadas (cuando no olvidadas) post mortem.
Bueno todas no.
En realidad todas menos una.
Lo que sucede  es que al ser la única sobreviviente, había dejado de ser una ideología, para convertirse en la verdad revelada, absoluta, indiscutible.
El mundo se arrojaba a la correntada neoliberal, aunque no todos se sumergían hasta la misma profundidad.
El nivel de abandono a la furia de la corriente estaba dado por variadas razones, sociales, políticas y económicas.

Entre los que se abandonaban sin recelo ni resistencia, se destacaba uno.

Argentina reunía todas las condiciones para ser el mascarón de proa del modelo universal.
A los años 60 traumáticos y violentos, que habían profundizado las contradicciones; les habían sucedido los 70, dictatoriales, represivos, genocidas, con los que se intentó, a sangre y fuego homogeneizar y subordinar el pensamiento y la acción, a los designios de un arquetipo importado, aprendido, impuesto.
La primavera de los 80, no fructificó, coaccionada interna y externamente, débil y timorata, implosionó a fuerza de contraerse, obediente y mansa, preparando el camino a lo que vendría en los 90.

La situación era propicia para lo que vendría, una sociedad hija del miedo y la represión, no terminó de entender el concepto de la incipiente democracia, limitando sus alcances a un sistema electivo, mientras que las corporaciones, con mayor madurez, apoyo (interno y externo) y objetivos mas claros, fueron conscientes de que su momento había llegado.
La década del 90 en Argentina, convirtió en al país en modelo para otros países.
La subordinación total a los organismos de crédito multilaterales en lo económico, y a las políticas norteamericanas en lo político, la resignación de las conquistas logradas durante décadas en lo social, y, por sobre todo, la implementación de un modelo impuesto por el consenso de Washington, con lineamientos totalmente opuestos a su línea histórica, por parte de los partidos mayoritarios.
Este es un dato no menor, dado que se hace impensable la aplicación de estas políticas tan impopulares y retrógradas, sin la participación activa de los movimientos populares que otrora fueran los impulsores de la sociedad de bienestar.
La traición del Menemismo y la Alianza,  llevaban al país al colapso.
El país de los inmigrantes, devolvía a sus nietos a la vieja Europa.
Los cacerolazos y los piquetes, recordaban que aunque latente, la resistencia seguía viva.
La sangre aún circulaba por las venas abiertas de la Argentina.
La anarquía, el default, la devaluación asimétrica, la represión de la protesta social modelaban un presente perturbador y un futuro asfixiante.

...................................................

Este es el marco externo e interno en el que el 25 de mayo del 2003, el ignoto gobernador de una provincia periférica, que perdiera la primera vuelta a manos del Menemismo, cosechando un magro 22% de adhesiones, se convierte, ante la renuncia a la candidatura de Carlos Menem, en el Presidente de los Argentinos.

....................................................

Hoy, a un año de la desaparición física de Néstor Carlos Kirchner, me parece que para definirlo, no hace falta una biografía, sino una comparación.
Nestor es la diferencia entre esta Argentina orgullosa, (que acaba de refrendar con el 54 % de los votos a su compañera de toda la vida) y la otra, la que apenas le otorgó el 22% de votos antimenemistas.
La enorme diferencia entre las dos Argentinas, da la talla del artífice de la transformación.