martes, 22 de noviembre de 2011

El extraño caso del espejo que adelanta: La verdadera herencia del 2001 argentino

Desde el nacimiento mismo del 15 M me sentí atrapado por las similitudes del proceso español con el 2001 argentino. Tanto fue así que me volví asiduo lector de los blogs de militantes y adherentes al luego conocido como movimiento de los "indignados".
Usualmente se  suele comparar al 15 M con los suceso del diciembre del 2001 en Argentina.
A mi entender las similitudes entre los procesos son mucho mas profundas, y los sucesos que afectan a la gobernabilidad de los sistemas políticos de los países afectados por la crisis están siendo prácticamente calcados, independientemente del momento en que se hace evidente la reacción.

1.- El ocaso de la representatividad.
La crisis Argentina, comienza con la defección del peronismo, a manos de Carlos Menem.
Fueron los militares los iniciadores de la orgía neoliberal, con la apertura de la economía, basada en la reducción arancelaria, congelamiento de salarios, intervención de los sindicatos, etc.
Y el radicalismo, al inicio de los '80, había esbozado un plan de privatizaciones, que había sido rechazado de plano por el peronismo y el sindicalismo peronista, retrasando así el festín neoliberal.
Era necesario derribar las barreras que impedían el avance de las políticas provenientes del concenso de Washington, para poder llevar adelante el plan. Era necesario que el peronismo arriara sus banderas históricas.
Y aquí viene otro de los puntos de contacto con la realidad Europea y Norteamericana.
La Defección del Socialismo Español, y Griego, del partido Demócrata norteamericano, y del populismo Italiano,la falta de definición en sus políticas de la izquierda Chilena, generan el desencanto que hace posible la llegada al poder de la derecha, decidida a completar la faena.
Para poder llegar a la concreción de la totalidad de las políticas, es necesario minar los anticuerpos del sistema. Estas políticas solo pueden ser implementadas, en medio de una crisis de representatividad. La implementación de un discurso único, requiere la complicidad de los que históricamente han sido opositores a ese discurso.

2.- La hora de los tecnócratas.
Una vez caídos en desgracia los supuestos opositores devenidos en defensores del modelo, la política toda se ve comprometida en el descrédito, lo que concluye con el acceso al poder, mediante elecciones, o simplemente de facto, convocados por el gobierno de turno, de un grupo de tecnócratas dispuestos a no negociar nada. Todas y cada una de las medidas recomendadas por los organismos multinacionales de crédito,  son aplicadas a rajatabla.
Domingo Cavallo, todopoderoso Ministro de economía de De la Rua en Argentina, fué antes Secretario de Estado del Gobierno militar y Ministro de economía del Menemismo.
Los derechistas y tecnócratas gobiernos de Grecia, Italia, España, Chile, y, seguramente EE.UU. repiten paso a paso la historia Argentina.
El discurso único admite una salida única a la crisis, la profundización del ajuste.

3.-  La reacción popular llega a las calles.
Los indignados, están llamados a ocupar un papel tan importante como tuvieran los movimientos de desocupados y piqueteros en Argentina.
Grecia, España, EE.UU., Chile, con diferentes matices, generan reacciones internas de similares raíces que la Argentina
(El tema es bastante diferente en el caso de la "Primavera árabe", donde los reclamos son otros)
El germen del "Que se vayan todos" está latente.
Los reclamos de democracia directa están a la orden del día.
La pregunta obligada es ¿Que podemos esperar de estos movimientos?
¿Convergerán hacia modelos políticos de democracia directa?

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En un interesante programa de canal Encuentro, el filósofo Laclau, debate con su invitado sobre los alcances y el futuro de la democracia representativa y la democracia directa.
Sostiene que los indignados no llegarán al poder, ni cambiarán el paradigma de la democracia representativa.

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La inorganicidad de su propuesta, lo heterogéneo de su conformación, el desgaste que el paso del tiempo produce en su mensaje y el desánimo ante los resultados obtenidos conspiran contra la longevidad del movimiento.
Pero, probablemente lograrán, de la misma forma que hicieron que en Argentina  el Peronismo deje de ser igual al Radicalismo (Alianza) ; que los Demócratas dejen de ser iguales a los Republicanos, y el Psoe lo mismo que el PP.
Probablemente la izquierda y la derecha recuperen su esencia conceptual.

Ante la amenaza que implica cada vez mas gente en las calles pidiendo que se vayan todos, es probable que se pulverice el discurso único, y, mas por una cuestión de supervivencia que de convicción, los partidos populares deban hacerse cargo del pedido expreso de su pueblo, diferenciándose así  de los conservadores y neoliberales.
La protesta de los que no se sienten representados, sentará las bases de una nueva representación. Los gerentes  pragmáticos de la política puden llegar a ser  reemplazados por líderes con firmes bases ideológicas.

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Es obvio que el movimiento piquetero, y los desocupados, y sus asambleas barriales, no llegaron al poder. Pero pusieron sobre el tapete la crisis de representatividad de la clase política en su conjunto.
En lo inmediato no lograron que se vayan todos y fueron brutalmente reprimidos (Solo la caída de De la Rua costó casi 40 muertos por la represión). Pero los que se quedaron, tuvieron que salir a legitimar su representatividad. Se amplió enormemente el marco de la discusión. Tabúes como la sumisión a los dictados del fondo, o el rol de los medios de comunicación y su concentración oligopólica, pasaron a ser materia de debate y de reforma. Y 10 años después, con una dirigencia renovada nominal y generacionalmente, va en camino de cumplirse aquel pedido.
A punto de cumplirse 10 años de aquel baño de sangre, los indignados del mundo reciben la herencia de los pioneros argentinos.