lunes, 12 de marzo de 2012

El amigo imaginario

Tengo un amigo que no me conoce.
Extraña amistad aquella de una sola vía.
Similar a aquella que alguna vez un zorro le propusiera a un príncipe.
Es una amistad basada en la domesticación.
Suelo saber, o al menos sospechar cuando me obsequiará con sus historias.

Busco en la contratapa de un diario la nueva historia, con la dicha del que espera un regalo.
Si no lo hallo en el diario, voy a la revista.
Si pasa mucho tiempo sin publicar, me inquieto (el precio de la felicidad).

Es una amistad basada en ritos, y ambos sabemos cumplir con nuestra parte del ritual.


El sabe describir al todo desmenuzando hasta el menor detalle de una de sus partes.
Comprende que el universo se repite cíclica y fractalmente, una y otra vez, hasta el infinito.
Lo íntimo no es un reflejo de lo colectivo, sino todo lo contrario. Lo que percibimos como colectivo es el fruto aleatorio y a la vez causal, y a la vez cíclico, y a la vez fractal, de lo íntimo. Lo que sucede es que tal maravilla está vedada a la percepción de lo que no tenemos su maravilloso poder de síntesis.
El resume lo trascendental de la historia en una vida.
Lo trascendental de una vida en una carilla.
El devenir global en una anécdota.
Sus ojos no son ciegos a lo esencial.

Yo lo leo con avidez, lo difundo y recomiendo.
Y la agitación e inquietud de la espera, se ven recompensados cuando nos obsequia textos como este


P/D
Vaya un saludo para el amigo Ricardo, que ya me tenía inquieto con su ausencia en "Los huevos y las Ideas", pero reapareció en Twitter.