jueves, 1 de marzo de 2012

La continuación de la política por otros medios

A menudo suele mencionarse esta frase de un militar, historiador y teórico prusiano llamado Carl von Clausewitz, aunque por lo general se la utiliza de una manera no muy afortunada. Y digo desafortunada, en tanto no se la cita en el contexto en el que fue escrita.
La frase que titula este post, es el título del punto 24 del primer capitulo de "De la guerra" . En el el autor se pregunta ¿En que consiste la guerra?, y, para poner la frase en su contexto, me parece indispensable leer el punto 28, titulado Conclusiones.
En el mismo, el autor nos dice que la guerra:
"Constituye una singular trinidad"
Y que:
 "Esta trinidad está integrada tanto por el odio, la enemistad y la violencia primigenia de su
esencia, elementos que deben ser considerados como un ciego impulso natural, como por
el juego del azar y de las probabilidades, que hacen de ella una actividad desprovista de
emociones, y por el carácter subordinado de instrumento político, que la inducen a
pertenecer al ámbito del mero entendimiento."

Por lo tanto, según el autor, emprender una guerra, no es simplemente apelar renunciara la política como medio de resolver los conflictos, sino llevar adelante un delicado equilibrio entre los odios preexistentes del pueblo, una conducción inteligente que aumente las probabilidades de éxito a la vez que acota la preeminencia de lo azaroso ( la suerte), y, por último, el empleo liso y llano de la fuerza en pos del objetivo político.

"La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al
adversario a acatar nuestra voluntad".

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Se equivoca el Macrismo, parte de la oposición, y los grandes medios periodísticos enfrentados con el gobierno, cuando deciden continuar la política por otros medios.
Porque este escenario que están planteando, con ausencia total de grises, poniendo permanentemente blanco sobre negro, y renunciando a las reglas de juego establecidas por la política son lisa y llanamente una guerra.
Se intenta por la fuerza, impedir que un gobierno elegido libremente por el pueblo, lleve adelante el mandato que el mismo le concediera. 
Se cambia la estrategia derrotada en las últimas elecciones, del apoyo irrestricto y la contención mediática a todo opositor que se cuadre, por el posicionamiento, a fuerza de invisibilización de sus errores, de un candidato del poder mediático, y los poderes fácticos,  y el desgaste permanente y frontal del gobierno por parte de los medios.
Pero no tienen en cuenta, que no es solamente la voluntad política de abandonar la política como medio,  el único requisito para declarar una guerra.
Es obvio que no hay odio, enemistad ni violencia primigenia contra un gobierno elegido con el 54 % de los votos luego de dos gestiones previas, en las cuales el reconocimiento, y la ampliación de los derechos de los ciudadanos, han sido una constante.
Mas obvio aún resulta la incompetencia del delfín de los oligopolios mediáticos (un cuasi analfabeto funcional producto de la educación privada neoliberal) para conducir un proceso, en el cual todas las probabilidades están en su contra, por lo que depende pura y exclusivamente del azar y de la caprichosa construcción de un relato arbitrario de la realidad hecho a la medida del candidato y sus socios comerciales de los grupos económicos concentrados, por los medios de información concentrados.
Sin esas dos tendencias, la sociedad del tándem Macri-Clarín-La Nación-Oposición, no pasa de una desición política errónea, tan inviable como dañina para el proceso democrático Argentino.
A la vez que demuestra un complejo de inferioridad que no les permite siquiera intentar dar batalla bajo las reglas de la democracia.

Claro que hasta esta interpretación pueda estar equivocada.
Basta comparar el bochornoso papelón mediático del Jefe de Gobierno Porteño, intentando desentenderse de los acuerdos firmados hace un par de meses con la Nación a través de una conferencia de prensa, con el discurso de Apertura de las Sesiones del Congreso por parte de la Presidenta de la Nación, para darse cuenta que tal vez no se trate de un complejo de inferioridad, sino de una diferencia de jerarquía manifiesta.
La brecha entre una y otro es tan grande, que cuesta imaginar que ambos expositores pertenezcan a la misma categoría política.
Tal vez esta guerra no sea otra cosa que una reconocimiento de la propia impotencia para continuar con la política por los medios tradicionales.