miércoles, 30 de mayo de 2012

Gente como uno

Lo miré, no le hablé, simplemente me quedé observándolo. El silencio se hizo incómodo, denso, corpóreo.
Estoy seguro que se arrepintió inmediatamente de haberlo dicho. También creo que el arrepentimiento no era por lo que había dicho, sino por haberlo dicho. Después de unos instantes, continuó hablando como si nada. "Lo que pasa es que tratatábamos de mantener el grupo... Como te digo... Que no se llenara de... "
Ni siquiera completó la frase. Tal vez no hacía falta. Aunque inmediatamente se sintió obligado a oscurecer -perdón- a aclarar. "Yo no soy de discriminar... ¡Para nada!... Pero es que estaba tan bueno el grupo, que no quisimos que se  convirtiera en una barra... Para eso está la (...)."

A partir de allí, se distendió, y comenzó a contarme sobre los integrantes.
"El gordo es buenísimo, un tipazo." (...)"Manejan otra guita" (...) "Creo que venden propiedades, el padre es muy  importante... El no sé que hace."
"Después hay otro, no sé de donde saca tanta guita, todas las semanas va en auto distinto, cuando no lleva un BM, se aparece en un Alfa Romeo, para mí que vende merca..."
"Le decís sale tanto, y te paga, pero ni siquiera viene con nosotros, el se va en su auto, y nos vemos allá"
"Había uno que conocí en un hotel, el ingeniero... bueno, en realidad no era ingeniero (pero se hacía llamar así), ni esa era su esposa, y los pibes no eran de el."(...) "Un tipo muy divertido."
Y siguió enumerando una larga lista de personalidades selectas.
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Ya había pasado el mal momento, en el que me dijo - palabras mas, palabras menos-,  que habían puesto una cuota altísima, para que no pudiera ingresar gente como yo (aunque cuenta a su favor que tuvo la delicadeza de no hacerlo explícito); y que provocara el incómodo silencio antes descripto.

Debe ser por eso que me tomó tan de sorpresa, cuando después de enumerar casi extasiado el Club House, la parrilla, el estacionamiento, el lugar privilegiado donde se encuentran las instalaciones, las minas espectaculares,  las personalidades que pasaban por allí, y el alto nivel de todos y cada uno de los filibusteros que se codeaban con él en ese paraíso urbano;  se quedó en silencio unos segundos,  me miró y me dijo:
"Que se le va a hacer, el caso es que no pude ir más. ¡Se me habría el culo así de grande para pagar las cuotas y las cenas, y todos los gastos! ¡No sabés como lo extraño!...
 Lo siento como una pérdida, una verdadera pérdida..."