lunes, 18 de junio de 2012

Cuatrocientos kilómetros de fútbol

Hasta salir a la ruta, sólo habíamos hablado de trabajo, pero apenas pisamos el asfalto la charla derivó hacia la política.
Si bién los dos conocíamos la posición del otro, con la misma extraña fascinación con la que las mariposas nocturnas se acercan irremediablemente a la llama, no pudimos evitar la discusión.
Su previsible enumeración de falacias y lugares comunes, de inspiración  evidentemente TNístas, fueron pacientemente demolidas, una a una por mis refutaciones cuasi Seisieteocistas, lo que convertía el diálogo, en una insípida enumeración de acusaciones pacientemente rebatidas por una catarata de cifras, datos y estadísticas, que de tan sabidas ni producían emoción alguna.
En un determinado momento, sin poder especificar cómo, ni por qué, la charla comenzó a personalizarse, y, como obvia consecuencia, el ambiente a caldearse.
Evidentemente molesto, me miró, y, subiendo la voz,  me increpó:- ¡Vos sabrás mucho, pero lo que no me banco ni me voy a bancar nunca de estos hijos de puta, es que sean tan corruptos !
-¿Pero a vos te consta esa corrupción, o estás repitiendo lo que dice la prensa de ellos? Le respondí.
Ni se dignó a contestarme.
Siguió manejando en silencio, ofuscado durante varios minutos.
Seguíamos sin hablar cuando llegamos al monte de eucaliptus que se levantaba, apretado, junto a la ruta.
Bajó a la banquina, se acercó a los árboles, frenó, bajó, estiró las piernas, se acercó al eucaliptus mas cercano, se hechó una meada, metió la mano al bolsillo, sacó un rollo de cinta adhesiva, se fué hasta la parte posterior del auto, se agachó y corrigió el número de la patente (o tal vez las letras, no lo ví).
Hizo lo propio con la patente delantera, luego subió al auto, habrió la guantera, sacó una gorra de policía, y la colocó prolijamente descuidada sobre el torpedo.
Arrancó el auto y retomó el asfalto.
Me miró y finalmente habló.
-Estamos llegando a la zona de radares, (explicó mientras aceleraba) .

Y hablamos de fútbol los próximos cuatrocientos km.