jueves, 20 de septiembre de 2012

Cuarenta y seis 1 %


Un cartel dice : Somos el 46 %.
Pero...
¿Por que si son el 46% no pueden reflejar esto en votos?
La respuesta se cae de madura : Pretender que el 46 % que no votó a Cristina es una unidad, es como asegurar que en las primarias del 2011, el 99,11 % de los votantes votaron en contra de Alcira Argumedo.
Es obvio que lo mas seguro es que de esa cifra, la enorme mayoría no tenía, al momento de emitir su voto, la mas remota idea de quién era Alcira Argumedo.
Es obvio que el 46 %, está a la vez segmentado en grupos incompatibles, donde cada reclamo es tan específico y su receptividad tan diluída, que podría denominarse política homeopática.
Por eso podemos ver en una misma marcha un cartel que acusa al gobierno de nazi, con un dirigente neonazi, que acusa al gobierno de comunista, militantes comunistas que acusan al gobierno de  ser continuadores del neoliberalismo, y dirigentes neoliberales que acusan al gobierno de fascista. Y todo en una marcha convocada por Cecilia Pando, entre otros.
Una marcha que congrega a gente de la SRA; las CRA y la FAA junto con el Sindicato de Recolectores, los primeros gente tan fina que sería incapaz de llamar otra manera que residuos a lo que recogen los segundos, a los que no dudarían en denominar basura.
¿Como pueden marchar juntos sectores tan antagóncos sin enfrentarse entre sí?
Es simple. Los une el odio y la puteada. La Sra de la Sociedad Rural, a la que mezclarse con los recolectores, le provocaría en condiciones normales nauseas y vómitos, diluyendo su reclamo en dosis fenomenales de puteadas y veneno, puede superar su profundo desprecio por el negraje que la rodea en esa marea humana. Esa catarata de insultos hacia el enemigo común, (se hace difícil hasta de pensar la palabra común en estos casos)  le hace olvidar por un instante de la despreciable condición de sus circunstanciales aliados. La borrachera de adrenalina que le provoca la cercanía de esa chusma enfervorizada, le permite ignorar el hecho de que a su lado se encuentre saltando un rabino mediático, amigo de esa secta mediática de meditadores induístas defenestrada por el Opus Dei, pero convenientemente ignorada por el episcopado.
El caso es que la marcha se termina, la adrenalina se agota y "con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas", como diría el Nano. Se acaba de despertar el bien y el mal, mañana volveran a ser los mismos de siempre, con el avaro volviendo a las divisas, aunque tenga que conseguirlas ilegalmente,  pero,eso sí, con la mentirosa sensación de pertenecer al 46 %.