jueves, 27 de septiembre de 2012

La clase media y la elección de una historia universal




“…modificar el pasado no es modificar un solo hecho, es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas. Dicho con otras palabras; es crear dos historias universales”
                                                                                                Jorge Luis Borges

El gran error de los antiperonismos es querer eliminar el pasado.
Tan cierto es esto, que el intento de la “Revolución Libertadora” de “liberar” al país de todos y cada uno de los cambios producidos por el peronismo, de su memoria, de su líder y, hasta del venerado cadáver de su jefa espiritual, se encontró con que el complejo entramado de consecuencias ya los había trascendido, para convertirse en causa de nuevas y más complejas expectativas, deseos, amores, reivindicaciones, sueños.
El peronismo, como creador de ciudadanía (Puede negarse cualquier cosa del peronismo, menos su papel fundamental a la hora de universalizar derechos, que es la forma más eficiente de darle contenido a la ciudadanía) había trastocado el orden establecido, la base de la sociedad había dejado de ser un todo sufriente y resignado, para convertirse en un sector dinámico, las clases se habían vuelto permeables, amenazando la estructura inamovible de la Argentina conservadora.
El aluvión zoológico provocó el pánico en una sociedad sólidamente estratificada. No se podía vivir en un país donde nada era seguro. Haber nacido en un estrato social, no aseguraba la permanencia en el, ni era barrera contra los invasores.
Los aterrorizados vivaron primero al cáncer, luego se enamoraron de una plaza con las llagas abiertas por las bombas, finalmente se calmaron cuando los “libertadores” sembraron los basurales de fusilados.
Ignorantes y superficiales, creyeron que “muerto el perro se acababa la rabia” cuando en realidad, una rabia sorda se iba apoderando de aquellos que se veían obligados a vivir una historia que no se correspondía con la propia. Borrados de un plumazo sus más afectuosos recuerdos, se sintieron exiliados de su pasado, prisioneros de un presente que no se parecía a sus sueños, condenados a un futuro sin más expectativas que la recuperación del proyecto compartido.
Así, las consecuencias residuales de una lealtad indeleble, fueron resistencia primero, violencia después. El pasado reacciona ante los abusos del presente. El futuro violento será hijo natural de un pasado de exterminio, y un presente de represión. Puede borrarse el hecho maldito, pero no sus implicancias.
Así, el intento de abolir al peronismo de los ‘50,  fue el caldo de cultivo de la lucha armada dos décadas después.

“Es decir, el propósito de abolir el pasado ya ocurrió en el pasado, y -paradójicamente- es una de las pruebas de que el pasado no se puede abolir. El pasado es indestructible, tarde o temprano vuelven todas las cosas y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado” 

                                                                                                                      Jorge Luis Borges 

Así, como de alguna manera  predijera Borges, junto con el peronismo ha vuelto la peregrina idea de la abolición.
Otros son los tiempos, otro el peronismo, otro inclusive el nombre. El miedo, el desprecio y el odio, en cambio, son los mismos. El antiperonismo ha vuelto, pero, como antaño, no tiene ninguna chance en las urnas. Por lo tanto tiene que buscar otros medios, pero para eso necesita de la clase media.
La gran paradoja de la sociedad Argentina, es que cíclicamente genera un movimiento que proyecta a una clase social que finalmente ayuda a derrocar al movimiento que la hizo crecer.
La gran tragedia que esto implica, es que la clase media (y el mediopelo Jauretchiano), al ayudar a voltear al peronismo, se inmola, porque, quiérase o no, la existencia y consolidación de ésta, está atada a las políticas de aquel.
Y, si miramos atentamente la historia, veremos  que la violencia con la que se pretenda extirpar de la historia al peronismo de hoy, será el germen de la violencia con la que los hijos y nietos de los que avalan a los antiperonistas de hoy, reaccionarán frente al autoritarismo antiperonista de mañana.
Si tantas señoras que de buena fe se encolumnan detrás de los autoconvocadores  profesionales, dejaran sus cacerolas y leyeran la historia reciente, lo pensarían dos veces antes de ir contra sus propios derechos adquiridos, en su búsqueda de mimetizarse con una clase a la que nunca pertenecieron, y jamás pertenecerán.
Si la clase media y el peronismo, logran tolerarse, y afianzarse en el tiempo, estarán escapando a las implicancias de la cita del principio.
Si eliminar al peronismo implica eliminar las bases de sustentación de la clase media, hay otra historia universal posible: Una historia en la que la clase media se consolida y se vuelve poderosa, junto al peronismo.
Donde los derechos y garantías conseguidos, permitan la construcción de una sociedad más justa, más libre, y más soberana. 
Y la violencia y el odio, sean por siempre y para siempre la historia universal que no elegimos.