domingo, 7 de octubre de 2012

La duda


Soltó el diario incómodo. La sensación de malestar que le produjo su propia idea, le resultó insoportable. No acostumbraba a pensar sobre aquellos años. En aquella época él era un pibe alegre y superficial. La vida había que vivirla lo mejor posible, era estúpido meterse en problemas, había que vivir "acá y ahora" pensaba.
Poco afecto a la política, y menos aún a los riesgos, había progresado en su carrera, con la sabia consigna de no hacer olas.
Su vida entera había transcurrido en una razonable calma, sin grandes destellos, pero sin sombras profundas.
¿Felicidad? Instantes ¿Angustia? No mas que la tolerable ¿Confort? todo el que se puede lograr renunciando a la plenitud, un invento de los soñadores. ¿Amor? Pasión, tolerancia, compañía, costumbre, nada extraordinario. Una vida común, como tantas.
Nada que preanunciara que un domingo a la mañana tomaría un diario que no suele leer, y, ante la conocida frase, que tantas veces escuchara, y que jamás le provocara la mínima emoción, se le ocurriría una idea que lo llenaría de angustia. Y de preguntas. Mas bién de una pregunta.
Porque está claro que subversivo no fué. Jamás tuvo militancia política, menos aún una militancia radicalizada. Tampoco cabe duda de que jamás colaboró con algo que lo pudiera meter en problemas, y vaya si podía meterlo a uno en problemas la colaboración. Simpatizante, de ninguna manera, siempre se encargó de dejar claro que no tenía nada que ver con la guerrilla. (Bueno, siempre no, delante de aquellos que parecieran tener alguna tendencia, se cuidó de emitir algún comentario condenatorio). Indiferente, lo que se dice indiferente, no fué, siempre tuvo a mano la muletilla "Algo habrán hecho", que, de alguna manera lo eximía de otras definiciones, pero, que a la vez justificaba, avalaba, consentía. Tibio, quizá fué tibio, al menos si se compara con el presente, con sus opiniones insultantes y categóricas contra el gobierno (Claro que estos son otros tiempos, y otro gobierno) Por aquellos tiempos el miedo era una compañia para todos, hasta para los que no se metían. Un miedo aletargante , una desconfianza omnipresente, una prudencia desquiciante. Todo era tibio, la efusividad era mal vista y la espontaneidad sospechosa.  El compromiso comprometía. La tibieza, mas que una actitud era un salvoconducto. Tal vez fue por eso. Por reconocerse tibio (aunque la tibieza fuera impuesta, por los mismos que prometían asesinar a sus cultores) que se le ocurrió pensar : ¿Por que había sobrevivido? O, mas aún, después de 35 años, plantearse por primera vez : ¿Había sobrevivido?
¿Este mediocre intolerante de hoy, es el mismo jóven soñador de hace 40 años? ¿Este agobiado y amargado viejo es la prueba viviente de que vivir la propia vida, sin meterse en problemas fué una exitosa estrategia para aquel pibe alegre y lleno de vitalidad? O simplemente la triste confirmación de que al brutal asesino que acaba de morir, de una u otra forma, no se le escapó nadie.