lunes, 19 de diciembre de 2011

Enfermérides : 529 a. K.

Hay un solo momento para recordar una historia. El presente.
Un momento, y un lugar. Ahora y acá.
En otro momento y en otro lugar, estaríamos hablando de otra historia.
Los historiadores dicen que para escribir la historia, debe transcurrie un tiempo prudencial, que permita al historiador despegarse de los hechos.
Pero esto no es la historia. Es mi historia. Y estoy tan pegado a los hechos como puede estarlo quien los vivió. O los sufrió... Pero esa es otra historia.
Esto nunca se estudiará en las escuelas, porque el sistema educativo de todos los tiempos y todos los lugares, se cuida de no dejar entrar la vida en las escuelas. En ocasiones se cuida el estado. En ocasiones se cuida la dirección. En ocasiones se cuida el docente. Los alumnos, por lo general, no se cuidan : "Estos chicos de hoy son tan descuidados"
La historia, en tanto vida, es peligrosa. Subversiva. Contagiosa.
La historia debe encerrarse en los libros de historia, sepultarse bajo toneladas de fechas, ocultarse tras millones de nombres, silenciarse bajo 400 láminas de papel, un excelente aislante acústico.
Voy a contar una historia. A la manera de los abuelos. Esa gente vieja que no cuenta los hechos en orden cronológico, porque descubrió hace tiempo que si hay algo de lo que no podemos acusar a Cronos es de ser lógico.
El formato será de lo mas conocido. Escribiré efemérides. Mas como serán las efemérides de un país enfermo. Las llamaré enfermérides. Por esa misma razón no estarán referenciadas al momento actual, sino al principio de la cura. A causa de eso no están referenciadas en años, sino en días.

Corría el 529 a.K., hace exactamente 10 años.
Un hombre agonizaba en una escalera. A metros de él, la policía reprimía violentamente. Avanzaba hacia los manifestantes. Se salían de foco. La cámara se quedaba con el hombre que agonizaba. Se contorsionaba en forma espasmódica mientras la escalera se llenaba de sangre. Noemí, junto a mí, lloraba. Yo hubiera querido consolarla, pero, en cambio, solo podía apretarla fuerte, mientras algo apretaba mi garganta, desde adentro, como si mi cuerpo quisiera extrangularme, para evitarme un dolor mas fuerte que yo mismo. La noche se hizo larga. Abrazados, sabíamos que ya no había esperanza, que habían cruzado un límite, que ya nada tenía sentido.
Ni siquiera quedarse.  


domingo, 18 de diciembre de 2011

Equilibrios

Él quiere ser lo que no es. Cosa extraña. Como todos.
Lo extraño no es que quiera ser otra cosa, como queremos todos, sino que lo quiera, siendo lo que es.
Él debería saber que no es posible. O al menos que es altísimamente improbable que lo logre. Cosa extraña. Como todos.
Lo extraño no es la bajísima probabilidad de que lo logre, sino que no perciba, como todos la improbabilidad de lograrlo.
Él está dispuesto a hacer muchas cosas para lograr su objetivo. pero extrañamente, cada cosa que haga, alejará ese objetivo de él.
El problema no está en él, sino en el lugar que él ocupa.
Él se encuentra en la intersección misma de dos sistemas que se influyen mutuamente.
Cuanto mas se esfuerce por posicionarse mejor en uno de ellos, peores resultados logrará en el otro.
Lo que gane en un sistema está condenado a perderlo en el otro.
Está jugando un juego de suma cero consigo mismo.
Porque no se encuentra en ese sitio por casualidad. Él es el punto que equilibra los dos sistemas.
Está en el centro mismo de la balanza. Es parte pero a la vez es ajeno. Ambos platillos lo sienten como el afuera, ambos cuerpos poseen anticuerpos contra este intruso. Aunque no puedan prescindir del él.
Sus movimientos no hacen mas que desestabilizar a ambos sistemas , y a su frágil equilibrio .
Para colmo de males, cada acción que realiza provoca una reacción en contrario en el platillo en el que pretende posicionarse, y otra en el otro platillo.
Los platillos de la balanza necesitan al centro, pero no lo aman.
Debe ser difícil ser él.
No lo culpo por querer ser lo que no es.

Pero es necesario que sea lo que debe ser, porque si no, como dijera San Martín, corre el riesgo de no ser nada. 



martes, 13 de diciembre de 2011

El que siembra ideas cosecha brainstorming's

Tremenda nota de Mario Wainfield. El arduo arte de reconstruir.
Aunque creo que es uno de los temas en los que hay que dar un salto de calidad, porque definitivamente, hasta donde veo, la educación no está bien.
Una de las rémoras del pasado neoliberal, fue la destrucción del sistema educativo.
Le vendieron a los argentinos que una educación privada es preferible y mas calificada que una educación pública. Le vendieron educación, un producto diseñado por empresas educadoras. Empresas en búsqueda de beneficios económicos. Muchos argentinos compraron ese producto. Algunos argentinos ganaron dinero.La mayoría de los argentinos perdió.
La clase media, que debió pagar por algo que debía ser gratuito, se cargó una erogación extra, y se dejó llevar por los cantos de sirena de unas estadísticas mentirosas.

Si a la escuela pública le sacás los alumnos que pueden pagarse clases de apoyo particulares, todos los libros, ser llevados y traídos en auto los días de lluvia, acceso al cable, internet, bibliotecas, y todas las herramientas imaginables, padres con mayor educación formal y posibilidades económicas, para sostener, apoyar y hasta subvencionar adquisición de conocimientos extracurriculares, con mayor capacitación para juzgar los progresos obtenidos por los estudiantes.
Si volcás todo ese capital económico, humano y de conocimiento a una nueva institución, donde los estudiantes son pares, con lo cual no hay que esperar al mas retrasado por razones ajenas a su propia capacidad, e inclusive por razones propias de su capacidad disminuida por razones de baja alimentación, falta de estímulos, marginalidad y desmotivación.
Si subvencionás a esas empresas mientras abandonás a su suerte (transfiriendo sin los correspondientes recursos las instituciones educativas a unas provincias quebradas) a las escuelas públicas.
Si hacés todas esas barbaridades, y después, realizás una encuesta de desempeño, para evaluar cual sistema funciona mejor, es como organizar una carrera donde previo a la largada se le corten las piernas a uno de los corredores.

La educación privada, está privada en un sentido en el cual nunca se la evalúa. Está privada de solidaridad, de igualdad, de neutralidad, de justicia.
Priva a los niños de menores recursos económicos (la mayoría), del contacto solidario con los que , por su mejor situación económica tienen acceso a otras herramientas educativas.
Priva a los niños privilegiados económicamente de ver que el otro es su par, su igual, su potencial amigo y compañero. Lo aisla en un contexto donde muchas veces tener es mas importante que ser.
Traza una línea divisoria entre los que tienen y los que no.
Genera desconocimiento, grupos cerrados y desconfianza; caldo de cultivo para la xenofobia.

La educación pública está volviendo a ponerse de pie.
No va a ser fácil. Pero ya se está comenzando a ver que es posible.
Hay muchísimo por cambiar, pero se nos va el futuro en eso.
Los sembradores de vientos, ya cosecharon sus tempestades. Los sembradores de ideas están en plena labor.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿Estamos prisioneros, carcelero? 3

 ¿Nunca les pasó estar contando un cuento y que alguien sabe el remate?

La idea era terminar esta serie, con este interesantísimo artículo de

 

Sólo vemos la realidad de nuestras propias burbujas


Si disponen de tiempo recomiendo que lean el artículo de Eli Pariser publicado en The Guardian “Cómo la red nos atrapa en nuestras propias burbujas”. Eli Pariser desenmaraña un nuevo concepto sobre el que tenía un profundo desconocimiento: el de la “burbuja de filtros”. Hasta entonces, mi idea sobre Internet y las diversas redes sociales se moldeó sobre la base de que cada vez estaríamos más conectados los unos con los otros, y que la información sería más clara y transparente. Somos ya muchos los que utilizamos herramientas como Google, Facebook o Twitter para mantenernos informados o para comunicarnos con nuestros familiares y amigos. Era obvio pues pensar en Internet como una herramienta que, en cierta manera, nos estaba homogeneizando a todos: ¿quién a día de hoy no se conecta sin pasar por Google?
 

Sin embargo, Eli Pariser desvela que esta manera de entender y de utilizar Internet, se acabó para siempre. Exactamente, terminó un 4 de diciembre de 2009, cuando empezó la era de la personalización en la red. A partir de ese momento, gigantes como Google o Facebook, han ido desarrollando una edición invisible y algorítmica de la red. Esto tiene implicaciones como la siguiente: si usted hace una búsqueda en Google sobre algo y yo hago la misma, incluso si la realizamos al mismo momento, acabaremos encontrando resultados distintos, pues Google ahora responde a dicha “personalización” de los resultados. Ya no existe un Google estandarizado. En el video que enlazo al final de este post, Eli Pariser relata la siguiente experiencia: pidió a unos amigos que “googlearan” la palabra Egipto en sus ordenadores, y que posteriormente le enviaran a él unas capturas de pantalla de lo que encontraban. Eli Pariser constató que, mientras que una de las búsquedas de uno de sus amigos aportaba información acerca de  las protestas en Egipto que ese día eran noticia, la misma búsqueda realizada por otro amigo no disponía de dicha información. Y ambos habían utilizado el mismo buscador (Google) y la misma palabra (Egipto). En la era de la personalización, distintas personas encuentran distintas cosas.

¿Se han parado a pensar en las consecuencias que puede llegar a tener esta edición algorítmica de la red? Como afirma Eli Pariser, “…Internet nos va a mostrar lo que piense que queremos ver, no necesariamente lo que tenemos que ver”. Google, Facebook, Yahoo… son cada vez más las empresas que están utilizando esta especie de algoritmos que filtran la información de cada uno de nosotros, obteniendo la llamada “burbuja de filtros” de la que hablaba al principio.
La burbuja de filtros es el universo de información de cada uno de nosotros. Lo que yo, como individuo, encuentro en la red, desde mi ordenador, depende de quién soy y de lo que hago. Y lo importante de esto, es que yo no decido qué es lo que entra en esta “burbuja”. Estos filtros algorítmicos o filtros burbuja seleccionan de manera automática y basándose en nuestros “gustos o preferencias”,  los contenidos que al final nos acabarán llegando y, más importante aún, aquello que no podremos ver. Y si al final sólo nos llega aquello “relevante” para nosotros, ¿cómo encontraremos otros puntos de vista, otras maneras de entender la realidad? ¿Cómo podremos acceder a partir de ahora a un buen flujo de información si antes la burbuja de filtros realiza una selección personalizada para cada uno de nosotros?

En el artículo publicado en The Guardian que citaba al principio, se plantea el dilema que la consulta de información entorno a las “células madre” puede acarrear a partir de ahora. Y es que lo que cada uno investigue en la red, puede producir resultados científicos totalmente opuestos, en función de si uno pertenece a los que apoyan la investigación con células madre o si es un activista que se opone a ella. Por poner otro ejemplo, si uno es progresista y siempre clica fuentes de información pertenecientes a esta ideología, la burbuja de filtros le brindará mucha más información progresista que conservadora. Y a la inversa, por supuesto. En la red personalizada, acabo obteniendo lo que quiero encontrar y no lo que debo encontrar. 

Nuestro ordenador, se va convirtiendo poco a poco en un reflejo de nuestros intereses, está creando y redefiniendo constantemente quién somos y qué querremos hacer o consumir la próxima vez. Poco a poco, los algoritmos que ahora seleccionan también los anuncios que vemos en las diferentes webs que visitamos, acabarán organizando nuestras vidas, pues acabarán por definir qué es lo que nos interesará o nos convendrá consumir.

Una mirada general a la dinámica de la personalización de la red, nos suscita tres grandes cuestiones: 

  • Primero de todo, que estamos solos en esto.
  • Segundo, que la burbuja de filtros es invisible.
  • Y tercero, que nosotros no elegimos entrar en la burbuja.
Como apunta el artículo leído en The Guardian, "...la personalización te puede llevar por un camino de determinismo informativo donde, en función de lo que tú hayas clicado en el pasado, determinará lo que verás las próximas veces".

Si utilizan Facebook, piensen cuando clicamos en “Me gusta”. Al hacerlo, incrementamos la visibilidad sobre dichas publicaciones. Y poco a poco, vamos configurando nuestra propia burbuja de filtros, basándose en este tipo de gustos o preferencias. Sin embargo, y ahí está la clave de todo esto, lo que nos guste como consumidores puede que no sea lo más indicado para nosotros como ciudadanos. Y es que Internet nos está mostrando lo que nosotros pensamos que queremos ver, no lo que realmente necesitamos ver. Es fácil poner “Me gusta” sobre una receta de cocina, o la última actuación de la cantante de moda. Sin embargo, si internet se va personalizando en base a estos ítems, es decir, en base a lo que más nos gusta “consumir”, las cuestiones más complejas e importantes (como la desigualdad social, el paro, etc.) resultan menos agradables para nosotros. Y como no nos gustan, se van quedando fuera de nuestra burbuja de filtros, es decir, dejan de “existir”.  Bienvenidos a la realidad a la carta.

Y para finalizar, el autor remite al video, que Ricardo me recomienda en el post anterior, 
http://aldoulisesjarma.blogspot.com/2011/11/como-internet-nos-edita-la-informacion.html
.......................................................
Esta es una de las cosas que me impactaron desde que ingresé por primera vez a internet.
Te permite reformular tus propias creencias  en tiempo real.
Esta historia, que comenzó con mi preocupación por la falta de privacidad y manipulación de el face (así le dicen mis hijos) y que continuó con el fallido intento de sorprenderlos con las mismas manipulaciones, (aunque con efectos mucho mas graves) en Google, se vió de repente enriquecido por la llegada a travéz de la enmarañada trama de la red, de la información que me había reservado para el último post.
Esto no quita en absoluto gravedad al tema de la manipulación inconsulta de la que somos objeto, pero le agrega una perspectiva interesantísima que es la presencia de los anticuerpos que nuestra propia interacción le brinda a internet.
Si este intercambio permanente de información tiene algún sentido, es precisamente este.
Somos los usuarios, sobre todo los creadores de contenido significativo (gran parte de la circulación no es directamente información útil) los que damos sentido a este amasijo de bits que de no ser por nosotros, tendría menos feedback que la Matrix.
Por eso me permito poner en duda mi propia hipotesis, cambiando sutimente el título de la serie.
¿Estamos prisioneros, carcelero?
La respuesta deberemos hallarla entre todos.

 

martes, 6 de diciembre de 2011

Estamos prisioneros, carcelero 2

Después del anteúltimo post me quedé pensando que, probablemente, Daniel tenga razón en que no es muy importante lo que escribí sobre facebook.
Que después de todo, si a vos te interesa en algún momento saber que es lo que está pasando con tal o cual amigo, con entrar a su muro, te ponés al día de una.

Que lo realmente jodido, sería que esta modalidad de selección y acceso a la información, se trasladara al resto de la web.
Porque las consecuencias serían distintas.
Lo que en el Face implica una especie de manipulación a favor de la gente con la que mas contacto tenés y en detrimento de los que tratás menos; en un buscador, por ejemplo tendría consecuencias muy diferentes.
Supongamos que los buscadores implementaran este tipo de algoritmos.
Un lector de Clarín, y la Nación, al buscar Cristina Fernandez en su buscador, encontraría una serie de artículos relacionados con la visión de la oposición al gobierno, mientras que un lector de Página, o Tiempo Argentino, recibiría exclusivamente notas favorables o no tan contrarias al mismo.
De allí al diario de Yrigoyen, no hay mas que un paso.

El verdadero valor de la autopista de la información, como se ha dado en llamar a internet, consiste  en brindar acceso instantáneo a las mas variadas fuentes, permitiendo así la conformación, a travez de la confrontación con la propia experiencia, de una idea acabada de la cosa.
Todo lo contrario ocurriría, si el propio buscador dificultara las respuestas ajenas a nuestro historial de búsqueda, si además de interesarnos menos, la propia red se encarga de alejarnos de aquellas ideas que no nos son tan afines, estaríamos condenados a una especie de autocensura previa, y además inconsciente.

Si la autopista de la información se convierte en un callejón sin salida, estaríamos peor que al principio, cuando no existía internet, porque entonces,  al menos sabíamos que estabamos recibiendo información parcial, mientras que en este caso estaríamos recibiendo información segmentada, sin ni siquiera sospecharlo.

Claro que eso está lejos de suceder.
¿No es cierto?

............................................................

¿Están seguros?