miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿Estamos prisioneros, carcelero? 3

 ¿Nunca les pasó estar contando un cuento y que alguien sabe el remate?

La idea era terminar esta serie, con este interesantísimo artículo de

 

Sólo vemos la realidad de nuestras propias burbujas


Si disponen de tiempo recomiendo que lean el artículo de Eli Pariser publicado en The Guardian “Cómo la red nos atrapa en nuestras propias burbujas”. Eli Pariser desenmaraña un nuevo concepto sobre el que tenía un profundo desconocimiento: el de la “burbuja de filtros”. Hasta entonces, mi idea sobre Internet y las diversas redes sociales se moldeó sobre la base de que cada vez estaríamos más conectados los unos con los otros, y que la información sería más clara y transparente. Somos ya muchos los que utilizamos herramientas como Google, Facebook o Twitter para mantenernos informados o para comunicarnos con nuestros familiares y amigos. Era obvio pues pensar en Internet como una herramienta que, en cierta manera, nos estaba homogeneizando a todos: ¿quién a día de hoy no se conecta sin pasar por Google?
 

Sin embargo, Eli Pariser desvela que esta manera de entender y de utilizar Internet, se acabó para siempre. Exactamente, terminó un 4 de diciembre de 2009, cuando empezó la era de la personalización en la red. A partir de ese momento, gigantes como Google o Facebook, han ido desarrollando una edición invisible y algorítmica de la red. Esto tiene implicaciones como la siguiente: si usted hace una búsqueda en Google sobre algo y yo hago la misma, incluso si la realizamos al mismo momento, acabaremos encontrando resultados distintos, pues Google ahora responde a dicha “personalización” de los resultados. Ya no existe un Google estandarizado. En el video que enlazo al final de este post, Eli Pariser relata la siguiente experiencia: pidió a unos amigos que “googlearan” la palabra Egipto en sus ordenadores, y que posteriormente le enviaran a él unas capturas de pantalla de lo que encontraban. Eli Pariser constató que, mientras que una de las búsquedas de uno de sus amigos aportaba información acerca de  las protestas en Egipto que ese día eran noticia, la misma búsqueda realizada por otro amigo no disponía de dicha información. Y ambos habían utilizado el mismo buscador (Google) y la misma palabra (Egipto). En la era de la personalización, distintas personas encuentran distintas cosas.

¿Se han parado a pensar en las consecuencias que puede llegar a tener esta edición algorítmica de la red? Como afirma Eli Pariser, “…Internet nos va a mostrar lo que piense que queremos ver, no necesariamente lo que tenemos que ver”. Google, Facebook, Yahoo… son cada vez más las empresas que están utilizando esta especie de algoritmos que filtran la información de cada uno de nosotros, obteniendo la llamada “burbuja de filtros” de la que hablaba al principio.
La burbuja de filtros es el universo de información de cada uno de nosotros. Lo que yo, como individuo, encuentro en la red, desde mi ordenador, depende de quién soy y de lo que hago. Y lo importante de esto, es que yo no decido qué es lo que entra en esta “burbuja”. Estos filtros algorítmicos o filtros burbuja seleccionan de manera automática y basándose en nuestros “gustos o preferencias”,  los contenidos que al final nos acabarán llegando y, más importante aún, aquello que no podremos ver. Y si al final sólo nos llega aquello “relevante” para nosotros, ¿cómo encontraremos otros puntos de vista, otras maneras de entender la realidad? ¿Cómo podremos acceder a partir de ahora a un buen flujo de información si antes la burbuja de filtros realiza una selección personalizada para cada uno de nosotros?

En el artículo publicado en The Guardian que citaba al principio, se plantea el dilema que la consulta de información entorno a las “células madre” puede acarrear a partir de ahora. Y es que lo que cada uno investigue en la red, puede producir resultados científicos totalmente opuestos, en función de si uno pertenece a los que apoyan la investigación con células madre o si es un activista que se opone a ella. Por poner otro ejemplo, si uno es progresista y siempre clica fuentes de información pertenecientes a esta ideología, la burbuja de filtros le brindará mucha más información progresista que conservadora. Y a la inversa, por supuesto. En la red personalizada, acabo obteniendo lo que quiero encontrar y no lo que debo encontrar. 

Nuestro ordenador, se va convirtiendo poco a poco en un reflejo de nuestros intereses, está creando y redefiniendo constantemente quién somos y qué querremos hacer o consumir la próxima vez. Poco a poco, los algoritmos que ahora seleccionan también los anuncios que vemos en las diferentes webs que visitamos, acabarán organizando nuestras vidas, pues acabarán por definir qué es lo que nos interesará o nos convendrá consumir.

Una mirada general a la dinámica de la personalización de la red, nos suscita tres grandes cuestiones: 

  • Primero de todo, que estamos solos en esto.
  • Segundo, que la burbuja de filtros es invisible.
  • Y tercero, que nosotros no elegimos entrar en la burbuja.
Como apunta el artículo leído en The Guardian, "...la personalización te puede llevar por un camino de determinismo informativo donde, en función de lo que tú hayas clicado en el pasado, determinará lo que verás las próximas veces".

Si utilizan Facebook, piensen cuando clicamos en “Me gusta”. Al hacerlo, incrementamos la visibilidad sobre dichas publicaciones. Y poco a poco, vamos configurando nuestra propia burbuja de filtros, basándose en este tipo de gustos o preferencias. Sin embargo, y ahí está la clave de todo esto, lo que nos guste como consumidores puede que no sea lo más indicado para nosotros como ciudadanos. Y es que Internet nos está mostrando lo que nosotros pensamos que queremos ver, no lo que realmente necesitamos ver. Es fácil poner “Me gusta” sobre una receta de cocina, o la última actuación de la cantante de moda. Sin embargo, si internet se va personalizando en base a estos ítems, es decir, en base a lo que más nos gusta “consumir”, las cuestiones más complejas e importantes (como la desigualdad social, el paro, etc.) resultan menos agradables para nosotros. Y como no nos gustan, se van quedando fuera de nuestra burbuja de filtros, es decir, dejan de “existir”.  Bienvenidos a la realidad a la carta.

Y para finalizar, el autor remite al video, que Ricardo me recomienda en el post anterior, 
http://aldoulisesjarma.blogspot.com/2011/11/como-internet-nos-edita-la-informacion.html
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Esta es una de las cosas que me impactaron desde que ingresé por primera vez a internet.
Te permite reformular tus propias creencias  en tiempo real.
Esta historia, que comenzó con mi preocupación por la falta de privacidad y manipulación de el face (así le dicen mis hijos) y que continuó con el fallido intento de sorprenderlos con las mismas manipulaciones, (aunque con efectos mucho mas graves) en Google, se vió de repente enriquecido por la llegada a travéz de la enmarañada trama de la red, de la información que me había reservado para el último post.
Esto no quita en absoluto gravedad al tema de la manipulación inconsulta de la que somos objeto, pero le agrega una perspectiva interesantísima que es la presencia de los anticuerpos que nuestra propia interacción le brinda a internet.
Si este intercambio permanente de información tiene algún sentido, es precisamente este.
Somos los usuarios, sobre todo los creadores de contenido significativo (gran parte de la circulación no es directamente información útil) los que damos sentido a este amasijo de bits que de no ser por nosotros, tendría menos feedback que la Matrix.
Por eso me permito poner en duda mi propia hipotesis, cambiando sutimente el título de la serie.
¿Estamos prisioneros, carcelero?
La respuesta deberemos hallarla entre todos.