sábado, 9 de julio de 2011

Cabralgando hacia la leyenda

Yo tenía un puñado de años.
Ya sospechaba que la guitarra clásica y yo podíamos tener un romance, pero que yo no estaba dispuesto a dedicarle mi vida, condición sine qua non, para que nuestro amor prosperara.
Un día, mi vieja me regaló para alguna fiesta o cumpleaños, vaya a saber, un grabador pasacassette Crown,del tamaño de un ladrillo, negro, con la botonera en la parte superior del frente, que cargaba los cassettes por arriba, con un solo parlante al fondo.
Por aquellos años yo no escuchaba radio, o mejor dicho escuchaba radio todo el día, pero la que sintonizaba el dial era mi vieja (de allí el profundo amor que siento por el tango, el folklore nacional y español, y la música española en general)
Ese día, mejor dicho, esa noche, para estrenar el regalo, tomé la radio, y me puse a grabar música.
Lo primero que me sorprendió fué que a mí que me gustaba toda la música que escuchaba por la radio, no me gustaba para nada la música que pasaba la radio.
En realidad, a fuerza de educación del oído, uso y costumbre me gustaba toda la música que pasaban los programas que escuchaba mi mamá.
Me sorprendió que todo lo que se podía escuchar una noche en Azul por radio eran temas en inglés.
Así que me armé de paciencia y empecé a recorrer el dial en busca de algo que me interesara.
Finalmente, después de algunas horas de frustrante búsqueda, encontré una voz reconocible y en castellano.
Se trataba de un cantante español que mi madre escuchaba en los 70, cantando una canción desconocida para mí, que me provocó una extraña sensación,.Para describirla de alguna manera mas de 30 años después, diría que se me  llenaron los ojos de lágrimas, comencé a sentir como una sensación calentita en el pecho, y hasta una especie de pequeña dificultad para respirar.
Emocionado, registré aquel tema en mi grabador, y al terminar, dejé grabando a ver que seguía, y entonces comenzó a sonar un tema que jamás había escuchado, de un autor al que jamás había sentido nombrar, que de alguna manera me cambió la vida.
Interprete de música clásica,  algún tango y un par de milongas, desconocía completamente el acompañamiento instrumental mediante tonos.
Pero hacía apenas unos días, esperando para dar un examen de guitarra, uno de mis compañeros se puso a cantar un tema de moda mientras se acompañaba con la viola, y nos explicó más o menos como era eso.

El caso es que los tres tonos que conocía, eran los mismos de esta bellísima y simple canción, que me acompañó durante años, y con la cual pasé para siempre de ser guitarrista de conservatorio  a guitarrero y cantor, aunque hoy no ejerza.

Facundo Cabral, es parte de mi historia, y, de alguna manera, como el Diego, Perón, El Che, Evita o el Nano, son gente que sin haberlos conocido personalmente, han influído en mi vida, más que la mayoría de la gente que conozco, por lo tanto lo siento tan cercano, que no puedo menos que sentir su asesinato como una pérdida personal.

Por otra parte, no se puede negar que, un pacifista como el, muriendo a manos de "sicarios del mal", como diría Serrat, es un símbolo que no hace mas que enaltecer su vida.
No se puede matar a un artista de ese calibre, simplemente lo convirtieron en leyenda.
Porque cuando los gusanos hayan dado cuenta del último de sus asesinos, y el polvo que cubre sus tumbas, aprisione por la eternidad a sus malditos huesos, los que amamos al artista que ellos convirtieron en mito, seguiremos celebrando su vida, con el mismo fervor con el que hoy lloramos su asesinato.