martes, 19 de julio de 2011

Las tristes marionetas y el estado totalitario

En "un país serio", (como gustan decir los garcas desde los medios) cuando se comprueba que el estado a estado espiando a los ciudadanos, el responsable renuncia. Ver caso Nixon en EE.UU.
En "un país serio", (de esos que enamoran al mediopelo argentino) cuando se comprueba que se violó el derecho a la privacidad de los ciudadanos (víctimas de atentados terroristas) el responsable va preso . Ver caso Murdock en Gran Bretaña.
¿Donde están los ardientes defensores de la seriedad?
¿Que ha pasado con  La Nata, Grondona, Clarín, El 13, TN, Majul (con perdón de la palabra), Lilita, Ricardito, De Narvaez? ¿No tienen miedo que afuera se nos caguen de risa por su vergonzoso silencio?
¿Donde están los defensores de las libertades individuales, que se rasgaran las vestiduras con el episodio menor de Vargas Llosa, ante este escandaloso y peligroso avance del estado sobre los derechos de las personas?
¿Cuando se hará pública la enérgica condena de Beatriz  Sarlo?¿Y el ingenioso Rabino Bergman se sumará al debate con una de sus frases  ¡Con nosotros no Mauricio! En alusión al origen étnico de algunos de los ciudadanos espiados.
¿Están preparando los intelectuales defensores de la libertad que agitaron las aguas de la feria del libro, su lapidario repudio al émulo del Gran Hermano de Orwell?
¿No ven nuestros brillantes analistas, tan proclives a salir en defensa del monopolio mediático el daño irreparable que significa el estado totalitario acosando a sus ciudadanos?
¿No se indignan los que escracharon mediáticamente a Fito Paez  por una desafortunada opinión, del manifiesto Fascismo que implica que el Gobierno de la Ciudad se inmiscuya en las actividades privadas de la gente, expresamente salvaguardadas por la Constitución Nacional?

En un país serio, hay medios audiovisuales serios.
Hay periodistas independientes.
Estos periodistas se juegan la vida denunciando el avance totalitario del estado y los medios concentrados
En un país serio, el periodismo es el cuarto poder, y su poder emana de la confianza que tienen los ciudadanos en la vigilia que ejercerán en salvaguarda de sus derechos.

Por eso no se llenen la boca hablando de seriedad, las tristes marionetas del poder mediático, porque los grotescos hilos que mueven su puño y su lengua hace rato que quedaron a la vista.
Aunque son despreciables tienen su precio sus inmisericordiosas plumas rentadas.