sábado, 28 de enero de 2012

La metamorfosis

Cuando se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró bajo la cama, convertido en un ser monstruoso. Estaba tumbado sobre su espalda, lo que le provocó un profundo terror. ¿Como haría para darse vuelta? Era obvio que sus delgadas patas, no servirían de mucho a tal efecto. Al alzar la cabeza vio su vientre, flácido y rosado; y unas piernas, fofas y regordetas. En ese momento reparó en que su espalda ya no tenía el duro caparazón.
Se recostó contra su derecha, (siempre lo hacía hacia la derecha), y , sin ningún tipo de inconveniente salió de abajo de la cama, se paró sobre sus dos ¡DOS! patas, y, con un profundo terror se acercó al espejo.

Vio una cabeza alargada, coronada por una cabellera rubia, entrecana a los lados. Unos ojos celestes, y, entre una nariz vertical, y una boca horizontal, un par de centímetros de piel rosácea, sin vello.
No se reconoció al mirarse, y menos aún al pensar.

Sintió en su interior una sensación extraña, desconocida. Una especie de remordimiento.
Recordó de pronto cuando vetó la ley de Emergencia Habitacional, la de llamadas de emergencia gratuitas y el Programa de Empleo para Jóvenes en vulnerabilidad social, entre otras.  Y cuando impugnó otras 97 leyes, la mayoría de ellas vinculadas a los derechos humanos y sociales, y muchas específicamente de derechos de los usuarios y consumidores”.
De pronto sintió en su interior la profunda necesidad de reparar los daños causados, y comenzar una etapa distinta, mas humana, mas sensible.


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Sin duda, la metamorfosis de su pensamiento, era mas profunda aún que la de su cuerpo.

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¿Que pasaría pensó, si durmiese un poco mas y olvidara todas las chifladuras?
Se acostó en el piso, se arrastró debajo de la cama.
Se acomodó como siempre boca abajo, pero, con asombro descubrió que en su nuevo estado prefería dormir del lado derecho. Volvió a tocarse el rostro lampiño, sobre todo la parte que va desde la nariz hasta la boca, como si tuviera nostalgia de una vellosidad ¿jamás tenida?. Apoyó la cabeza sobre ese brazo repulsivo, fofo, descascarado, rosado, blando. Sonrió. Era verdaderamente cómodo. Y se volvió a dormir.
Al despertar a la mañana, se sintió a la vez aliviado y feliz.
Había sido solo un sueño.
Hoy voy a vetar el subsidio a Teatro por la Identidad, y el Subsidio a la Asociación Síndrome de Dawn, pensó.
Se sintió mucho mejor. Mucho mas cómodo consigo mismo. Todo había vuelto a la normalidad.
Seguía siendo la misma cucaracha de siempre.