miércoles, 27 de abril de 2011

Ahora que estas ausente o Zamba de Vargas (Llosa)

Se fué. Logró todo lo que quería.Tuvo prensa, mucha prensa. Hablaron de el(bien). Hablaron del gobierno (mal). Fue un perseguido sin persecución y un heroe sin heroismo.Una vez mas las palabras fueron mas reales que la realidad.Y la única verdad (la realidad) fué desmentida. El autodenominado censurado, proclamó en directo por el canal oficial (dirigido por los supuestos censores) sus críticas al gobierno.
El autoproclamado liberal, que asistió a un acto organizado por la Mont Pelerin Society y por la Fundación Libertad de Argentina, en el que además de el, disertara otro autoproclamado liberal como el ex ministro de economía de Pinochet Carlos Cáceres Contreras.
Es de esperar de un escritor que juegue con las palabras, pero, esto ya mas que juego es joda.
Claro que además de jugar habló.Y aquí comienza otra historia.Porque además de hablar decepcionó. Decepcionó a propios y extraños.
Los propios pensaron ¿Tanto lío para esto?
Los otros pensamos ¿Después de tanta muerte solo queda esto?
Porque el liberalismo (neoliberalismo en realidad), marcó a sangre y fuego el siglo XX.

Apoyó tiranos, arrasó pueblos, empobreció países, redefinió la palabra masacre y la aggiornó como "daños colaterales", envileció la política y la convirtió en esclava de las corporaciones económicas.
Y hoy, asiste impotente a su propia decadencia, balbuceando frases gastadas, provocando sonrisas tristes, en vez de emociones.
Bastó un par de reporteros de página 12 para que el vocero intelectual de la derecha mundial quedara pagando una y otra vez.
Los que ayer decretaran el fin de la historia, hoy se dan cuenta que en realidad lo que estaban festejando era el advenimiento del final de su propia historia.Porque estos tipos son historia.
No pudieron solucionar los viejos problemas.Y ni siquiera pueden diagnosticar los nuevos problemas que aquejan al mundo.
Ya no tienen las respuestas, y, llenos de poder y plata, ni siquiera pueden hacerse las nuevas preguntas.

En Argentina se vió a un Vargas Llosa anciano, y a sus ideas muy, pero muy viejas.