jueves, 24 de marzo de 2011

Memorias del silencio

Crecí con la dictadura. tenía 8 años en el 76.
Si tuviera que definir aquella época, la definiría como la época del miedo.
Pero lo que mas recuerdo de aquellos años, su expresión mas vívida es el silencio.

Hace unos días fuí realmente duro con alguien discutiendo en un foro.
El fenómeno del feisbuk, a la vez que te permite contactar con todo tipo de gente, te priva (en parte por miedo a volcar los datos personales por cuestiones de seguridad, en parte por una tendencia que me disgusta profundamente de escudarse en el anonimato) de saber a ciencia cierta con quién estás debatiendo.
Como no podemos discutir con alguien sin entidad, lo que hacemos íntimamente, es darle una forma, una edad, una historia al que está enfrente.
Como no tenemos manera de conseguir todo ese cúmulo de datos, lo intuímos de su forma de escribir, su estilo, los temas que toca, los libros que cita, la vida que nos detalla, sin hacerlo, a través de sus escritos. A veces nos hacemos de una idea mas o menos aproximada del otro. A veces no.
Este fue uno de esos casos.
Supuse que hablaba con una persona mayor que yo, o de mi edad, por lo que me pareció intolerable que se refiriera al gobierno como una dictadura.
Porque yo viví una dictadura.

Yo vivía en una ciudad chica, y con alma de pueblo.
Y lo que mas recuerdo era el silencio.
No era un silencio normal, era un silencio inducido.
De mala manera por los militares, la policía, los medios. De otro modo por los maestros, los directores, los profesores (totalmente autoritario, pero mejor). Casi protegiéndote por los vecinos, los amigos, la familia.
Todos de una forma u otra,  callándose la boca, y tratando de callarte.
O hablando bajito y mirando a los costados de reojo.
Yo viví una dictadura.

Me acuerdo cuando se llevaron a Cacho ( no el de las bochas de Macri, el de verdad, mi amigo Cacho).  Rodearon la manzana con patrulleros y carros de asalto. ¡Para detener a Cacho! En medio de la noche, lo secuestraron en su casa.
Si hubiesen mandado un cartero, armado con una cachiporra de cotillón, con una carta de un juez sin sellar, citándolo a declarar, hubiese sido un abuso de autoridad, tratándose de Cacho.
Pero no hubo Juez, ni citación, solo violencia y brutalidad.
Su mayor delito era haber hecho varias veces la ruta del Che, con una mochila y muchísimas latas de paté. Ni sé cuanto estuvo desaparecido, y después a "disposición del PEN" (Poder Ejecutivo Nacional).Fue la primera vez que escuché decir "Algo habrá hecho"
Yo recuerdo una dictadura.

Ya he contado como a los 9 años perdí la posibilidad de ser abanderado o escolta en mi colegio, por mencionar historias leídas en libros prohibidos del revisionismo histórico argentino. (O sea la historia que leen hoy los chicos en las escuelas)
Y luego, como leí a escondidas los libros de Dostoievsky, Tolstoy, y tantos otros, que me prestaban en la biblioteca y registraban como "La isla del tesoro", o algún otro título permitido.
Tengo patente el recuerdo de mi primer entrada a los sótanos de la biblioteca, donde escondían los libros que "para nuestro bien", el estado no  nos permitía leer.
Yo sufrí una dictadura.

Recuerdo el secundario, y una vieja prepotente e intolerante de directora, que me hacía volver a mi casa si a los 15 años no tenía perfectamente afeitada la pelusa  que en aquellos tiempos comenzaba a cubrir mi rostro. Y ni hablar si no llevabas el blazer o el pantalón gris.
Recuerdo un día pasando por frente a los tribunales, se me desató un cordón, y me agacho a atármelo, y salen dos policías con las armas amartilladas, me apuntan y por poco no termino preso, por el gravísimo delito de atarme los cordones.
Yo recuerdo la dictadura.

Siempre que llega esta fecha, se escuchan los testimonios de cosas terribles, que pasaron a mucha gente, y que yo no viví, aunque sé que pasaron.
Pero, lo que muchos parecen no recordar, son esas pequeñas (o no tan pequeñas) cosas de todos los días que vivimos todos los que estuvimos en la argentina durante la dictadura.
Porque a mí, de chico, me callaron, pero otros que se callaron solitos, hoy cuando los escuchás hablar, no se parecen a esa gente tan "prudentemente calladita" que eran cuando hablar estaba prohibido.
Y ahora levantan la voz, insultan y acusan a los que seguimos con nuestro cansino tono defendiendo como siempre lo que creemos y pensamos.

Por eso fui tan duro en mis respuestas, porque me equivoqué en la edad de mi interlocutor, porque nadie que no haya vivido aquello, puede darse una idea de lo que es una dictadura. Porque no hay cuento que te pueda hacer sentir un olor, ver un color, oír un silencio, ese silencio que flota en el aire de las dictaduras.
Por eso me disculpo, por que confundí con cinismo y prepotencia lo que tal vez era juventud y vehemencia, y vos ni siquiera habías nacido, cuando yo sufría la opresión de una.
Y sinceramente, te juro, de todo corazón, que me alegra que puedas confundir este gobierno con una dictadura, porque significa que las cosas han cambiado tanto, que hasta la palabra se ha desvirtuado.
Y porque ningún pibe del mundo debería crecer en una dictadura.
Por eso Karlos, espero que aceptes mis sinceras disculpas.
                                                                         Gustavo Atilio Rui